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In a series of experiments run by researchers at Princeton, Harvard, and the University of Warwick, low-income people who were primed to think about financial problems performed poorly on a series of cognition tests, saddled with a mental load that was the equivalent of losing an entire night’s sleep. Put another way, the condition of poverty imposed a mental burden akin to losing 13 IQ points, or comparable to the cognitive difference that’s been observed between chronic alcoholics and normal adults.

 

The finding further undercuts the theory that poor people, through inherent weakness, are responsible for their own poverty – or that they ought to be able to lift themselves out of it with enough effort. This research suggests that the reality of poverty actually makes it harder to execute fundamental life skills. Being poor means, as the authors write, “coping with not just a shortfall of money, but also with a concurrent shortfall of cognitive resources.”

Font: How Poverty Taxes the Brain – Emily Badger – The Atlantic Cities.

Sanitat i immigració

En ciertos sectores sociales ha calado el discurso xenófobo y racista de que el deterioro de la sanidad pública se debe al abuso de los inmigrantes: un 27,9% de los españoles “cree que los inmigrantes abusan de la atención sanitaria gratuita” y más de un 31% está “más bien de acuerdo” en que la población inmigrante causa una disminución en la calidad de la atención sanitaria (2).

Sin embargo, los inmigrantes:

Visitan 6,4 veces al año su centro de salud de Atención Primaria frente a las 11,1 visitas de los españoles. En el caso de los niños, acuden 5,5 veces al centro de frente a las 7,3 visitas de los niños autóctonos (3) Gastan menos en farmacia: los españoles gastan una media de 236 euros al año en medicinas frente a los 81 euros de los inmigrantes. En el caso de los niños el gasto es de 41 euros frente a 22 (3).

Están en peores condiciones para poder utilizar los servicios sanitarios, dado que desconocen en gran parte los recursos del sistema (4).

También presentan una frecuencia de visitas a médicos especialistas algo inferior (0,46 visitas) que la población autóctona (0,55 visitas). La obtención de pruebas no urgentes reproducía el mismo patrón diferencial entre población autóctona y extranjera (15,4% y 12,3%). (5)

(2) “Actitudes hacia la inmigración”. CIS, 2008. http://www.cis.es/cis/opencms/-Archivos/Marginales/2760_2779/2773/Es2773.pdf
(3) Estudio FAPI: frecuentación en AP por inmigrantes. http://www.rtve.es/contenidos/documentos/estudio_sanidad_zaragoza.PDF
(4)“El acceso de los inmigrantes a los servicios sociales en la Comunidad de Madrid, como factor de integración) http://estudiosgeograficos.revistas.csic.es/index.php/estudiosgeograficos/article/view/28/25
(5) Diferencias en la utilización de los servicios sanitarios entre la población inmigrante y la española. Madrid, 2008. Fundación Ciencias de la Salud.

Font: CAS-Coordinadora Anti Privatización de la Sanidad via Desmontando Mentiras

La crisis del mercado laboral español en 10 titulares

1 Récord en la tasa de paro: Nunca hasta ahora había habido tanta gente en España que, queriendo ponerse a trabajar, no encuentra un empleo. Según la EPA, el 26% de la población activa está en paro, lo que equivale a 5,96 millones de desocupados (leer más…).

2 Seis años de aumento del desempleo: Con 2012, España acumula ya seis años consecutivos en los que ha aumentado el paro. Por esto, hemos reunido seis perfiles del parado tipo que hay en el país (leer más…).

3 El empleo cae a su nivel más bajo en 10 años: El número de personas ocupadas se redujo en 363.300 en el cuarto trimestre, hasta los 16.957.100, con lo que baja de los 17 millones por primera vez desde el arranque de 2013 (leer más…).

4 El empleo público sufre por los recortes: Los ajustes del gasto aprobados por el Gobierno y las diferentes Admistraciones para reducir el déficit, medidas que se han dejado notar con mayor intensidad en los últimos meses, han tenido un duro efecto entre los funcionarios y empleados públicos (leer más…).

5 La falta de oportunidades expulsa a los jóvenes del país: La escasez de empleo ha provocado al final de 2012 una importante caída de la población activa entre los menores de 30 años, es decir, en el número de personas jóvenes que busca su lugar en el mercado laboral español (leer más…).

6 Más familias con todos sus miembros en paro: El número de hogares donde todos sus miembros están en edad y disposición de trabajar pero no encuentran un empleo volvió a subir en los últimos meses, hasta superar por primera vez los 1,8 millones (leer más…).

7 La mitad de los parados lleva más de un año sin trabajo: La persistencia de la crisis ha multiplicado el número de parados de larga duración en 2012. Así, una de cada dos desempleados lleva más de un año sin tener un empleo (leer más…).

8 El desempleo se ceba con el sur del país: El deterioro del mercado laboral, aunque se ha dejado notar en todas las comunidades, ha golpeado con más fuerza a Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y Canarias. Por provincias, 15 de las 50 tienen una tasa de paro que supera el 30%, lo que representa que siete de cada 10 personas que residen en ellas no tienen trabajo (Leer más…).

9 Los servicios lideran la destrucción de empleo: El peso de los servicios fue determinante en la destrucción de empleo a finales del año pasado. Ocho de cada 10 puestos de trabajo destruídos procedían de este sector (leer más…).

10 España, farolillo rojo de Europa junto a Grecia: España lidera junto a Grecia, sometida a unos planes de ajustes draconianos, el repunte del paro en la Eurozona. Sin embargo, en el cuarto trimestre, la tasa de desempleo griega ha superado a la española por primera vez desde el inicio de la crisis (leer más…).

Font: La crisis del mercado laboral español en 10 titulares | Economía | EL PAÍS.

Soy un gasto público

La semana pasada, y les prometo que fue sin querer, me convertí en gasto público. Algo que hoy equivale a decir que eres un peligro público. Entré en un hospital para un asunto menor y acabé recorriendo varias plantas durante una semana. Me convertí en gasto público desatado, un arañazo en los presupuestos, varias milésimas más de déficit.

No me dieron la factura “en la sombra” ésa que ya reparten en algunos sitios, pero si me hubieran echado la cuenta sería cuantiosa, pues fue una semana de barra libre, atención médica a todo trapo, entre pruebas diagnósticas (con esas máquinas carísimas), estancia (a pensión completa, imagínense), tratamientos y tantos trabajadores pendientes de mí (y para colmo eran muy atentos, incluso cariñosos, en vez de limitarse a cumplir con lo mínimo, que el tiempo es oro). Tumbado en la cama, imaginaba que me colocaban sobre el cabecero un contador digital que sumase euros a medida que pasaban las horas.

Y en esto que, mientras estoy ingresado, oigo que Esperanza Aguirre inaugura en Torrejón un hospital 100% privado (“de titularidad pública”; qué consuelo cuando hasta el personal médico está en manos de una empresa). Y mientras recorre las instalaciones, Aguirre ve en cada habitación un juego de sábanas para la cama del acompañante, y exclama eufórica: “Eso es lo que quiero. Que en las públicas la gente esté igual que en las clínicas privadas.”

Me contuve la carcajada no fuera a ser que se me soltasen los puntos y acabase generando más gasto. Aunque en realidad es para llorar. Aguirre quiere (y lo está haciendo ya en los nuevos centros) que los pacientes estemos en manos de empresas cuya prioridad, por mucha propaganda corporativa que hagan, nunca será nuestra salud sino ganar dinero. Que estemos al cuidado de médicos sometidos a presiones laborales, como ya ocurre en algunos centros. Que nos curemos en hospitales donde la factura no quede en la sombra, sino en la mesa de un contable preocupado por gastar menos para ganar más.

Yo lo tengo claro: el trabajo impresionante del personal sanitario (y aprovecho para dar las gracias de corazón a todos los de Vascular, Cardiología y UCI Coronaria del Ramón y Cajal), que mantiene el tipo entre presiones y recortes, hace que vea el deseo de Aguirre como una amenaza, y los tijeretazos presentes y futuros como una declaración de guerra.

Font: Isaac Rosa

7 mentides sobre el rescat

Luis de Guindos: “Es un apoyo financiero que no tiene nada que ver con un rescate”. “No hay ni el más mínimo rescate al respecto”.

Falso. El dinero sale de los fondos europeos de rescate y se presta al Estado, no directamente a los bancos, como pretendía España. Aunque las condiciones sean algo diferentes al de los demás países rescatados, la realidad es que España se ha convertido en el cuarto país de Europa en recurrir a estas ayudas, tras Grecia, Irlanda y Portugal. Así lo ve toda Europa y la prensa internacional.

Mariano Rajoy: “Lo que hay es una línea de crédito”.

Falso. No son los bancos quienes piden el dinero prestado a Europa, se comprometen a devolverlo y pagan los intereses. Es España, a través de una entidad pública: el FROB. La mayoría de los bancos no recibirán préstamos desde el FROB –no los podrían devolver–, sino inyecciones de capital.

Mariano Rajoy: “No afecta al déficit público”.

Falso. Todo el dinero que pida prestado al FROB irá a la deuda pública y sus intereses, al déficit. Si se alcanzan los 100.000 millones y el tipo de interés, como se dice, es del 3%, supondrá 3.000 millones de euros más en el déficit anual: por comparar, es dos veces lo que ahorró Zapatero congelando las pensiones en 2010.

Mariano Rajoy: “El que ha presionado he sido yo. A mí nadie me ha presionado”.

Falso. Europa –especialmente Alemania y los países del norte– ha presionado a España para que acepte esta opción. Dentro del desastre, el procedimiento de rescate no es especialmente malo: había opciones mucho peores. Pero tampoco es el modelo soñado por el Gobierno español, que habría preferido una intervención del BCE o un rescate directo a los bancos sin que el Estado tuviese que avalar la operación.

Luis De Guindos: “Ayudará a las familias y a las empresas”. “Servirá para que vuelva a fluir el crédito, para que crezca la economía y se cree empleo”.

Falso. El dinero público inyectado a los bancos irá a provisiones de pérdidas, no al crédito. De hecho, a corto plazo lo más probable es que el crédito se restrinja aún más porque todas las entidades financieras –las buenas, las malas y las regulares– tendrán que aumentar aún más sus provisiones, por lo que no podrán prestar.

Cristóbal Montoro: “No van a venir los hombres de negro”.

Falso. La temida troika –el FMI, el BCE y la Comisión Europea– también va a aterrizar en España. Serán ellos quienes decidan la reestructuración del sector financiero y también quienes vigilen “de cerca y regulamente” el cumplimento de los compromisos españoles contra el déficit.

Luis de Guindos: “Las condiciones se les van a imponer a los bancos”.

Falso. España va a tener que firmar un ‘memorandum of understanding’: un tratado, como el de Grecia, Irlanda y Portugal. Y en elpropio comunicado del Eurogrupo queda claro que la ayuda al sector financiero está condicionada al cumplimiento de los compromisos anteriores de España en la lucha contra el déficit. No hay condiciones explícitas, pero sí las hay implícitas. En breve veremos nuevos recortes y subidas de impuestos, por mucho que el Gobierno hoy los niegue con la misma contundencia con la que antes negó el rescate.

Los recortes educativos, explicados a lo bestia

El presidente del gobierno convoca a los medios de comunicación a La Moncloa para un mensaje a la nación. Mirando a la cámara, con tono firme, lanza la bomba: “Queridos ciudadanos, voy a ser sincero, sin eufemismos: en España sobran millones de trabajadores, y van a seguir sobrando por muchos años, porque no esperamos crear empleo en una larga temporada; más bien al contrario, se seguirá destruyendo. Así que no voy a emplear el argumentario habitual para justificar los recortes educativos. Háganse ustedes mismos esta pregunta: ¿para qué vamos a seguir formando jóvenes que no tendrán donde trabajar? ¿Para qué gastar nuestro escaso dinero en que las próximas generaciones tengan un título universitario, de Formación Profesional o de Bachillerato? ¿Para que lo cuelguen en el salón? ¡Si aquí no va a haber trabajo en condiciones más que para unos cuantos, y el resto al paro o al subempleo!”

Ya sé que la escena es improbable, nadie espera esa sinceridad del presidente. Pero si nos lo contaran así, a lo bestia, entenderíamos mucho mejor los demenciales recortes en educación, los ya aprobados y los que vendrán. Nos seguirían cabreando, claro, pero al menos entenderíamos de qué va la cosa.

Como el gobierno no se atreve, voy a hacerle yo el trabajo sucio. Voy a explicar en qué consisten los recortes educativos a partir de esa clave: ¿para qué vamos a seguir formando jóvenes, si el futuro pinta negro? ¿Para qué queremos nuevas ediciones de “la generación mejor preparada de la historia”? ¿Para que se conviertan en nuevas “generaciones perdidas”? ¿Qué ganas de gastar ni un euro más en engordar currículum que acabarán en la papelera de una ETT?

Así pensados, los recortes deberían ser incluso más radicales: no basta con el previsible aumento del fracaso escolar, ni con la disuasión que el mayor coste de las matrículas tendrá sobre muchas familias; eso sólo eliminará unos cuantos cientos de miles de estudiantes. Habría que ir más allá, y cerrar mañana mismo todas las facultades universitarias cuyas expectativas laborales son igual a cero, o incluso tienen números negativos.

Tomemos el caso de periodismo, por poner un ejemplo sencillo: si no tenemos donde colocar a los más de cinco mil periodistas despedidos –y los que se sumarán tras los próximos ERE-, y teniendo en cuenta que el futuro a corto plazo pasa por medios digitales con plantillas miniatura y donde se paga poco o nada, ¿para qué seguir licenciando promociones de nuevos periodistas? Y lo mismo vale para las carreras científicas: ¿para qué queremos tanto Premio Nobel en potencia, si pronto tendrán que buscar ratones de chabola para sus investigaciones, como el protagonista de Tiempo de silencio?

El razonamiento es válido para muchas otras titulaciones: si en los próximos años no habrá apenas convocatorias de plazas en las administraciones públicas (salvo para policía, esa sí una profesión con futuro), ni se contratarán nuevos médicos, enfermeros o profesores, sino al contrario, se prescindirá de los interinos y cualquier día empezarán también a echar a los que tienen plaza, ¿qué necesidad hay de mantener tantos estudios universitarios sin salida profesional?

Otro tanto diremos de la FP: ya deberían estar cerradas las aulas donde se forman trabajadores para cualquier profesión relacionada con la construcción, pues pocas viviendas se van a levantar en las próximas décadas mientras no demos salida al stock de casas vacías, y de la obra pública mejor no hablar. Y lo mismo para los que se formen pensando en colocarse en la industria, menguante y deslocalizada, así como en tantas empresas de servicios que ya han descubierto la fórmula del más por menos (hacer lo mismo o más pero con menos trabajadores), o en el comercio, donde no se vende una escoba ni se va a vender por mucho tiempo.

Ya sé, ya sé: me dirán que el sistema educativo no es sólo una fábrica de trabajadores, que educar no es sólo añadir líneas al currículo, que educar debería ser mucho más. Lo que quieran, pero no nos engañemos: hace ya mucho tiempo que el sistema educativo, sus objetivos y programas, se vincularon a las necesidades productivas del país; y no sólo la evidente FP, sino también el bachillerato y la universidad entendidos como antesalas del mercado laboral y diseñados en función de las necesidades de las empresas; así ha sido, y no parece que los tiempos apunten a ideales humanistas. Cuando oíamos eso de “la generación mejor preparada de nuestra historia” ninguno estábamos pensando en ciudadanos críticos y libres, sino en lo confiados que iban los jóvenes a las entrevistas de trabajo. Ya sé que hay muchos que aspiran a otra cosa, que ven en la educación una formación humana y en valores para la convivencia, y creen en su función correctora de las desigualdades, pero hasta ahora clamaban en el desierto, y no parece que las autoridades vayan a escucharles mucho más.

Así que, si aceptamos que tenemos un sistema educativo cuyo principal objetivo es entregar al sistema productivo trabajadores con las habilidades y conocimientos que las empresas exigen, la conclusión no puede ser otra, por mal que suene: hay que suspender el sistema educativo mientras la cosa no mejore, reducirlo a la mínima expresión.

Porque lo que también parece evidente es que la solución contra el paro no pasa hoy por más y mejor educación, más y mejor formación. Muchos de esos millones que están sin trabajo no lo van a encontrar por añadir otra carrera, un master o un tercer idioma al currículum, al contrario: cada vez más trabajadores se fingen peor preparados de lo que en realidad están cuando acuden a una entrevista de trabajo, porque para los pocos puestos que se ofertan, y con la miseria de sueldo que ofrecen, un buen currículum es la peor carta de presentación.

No, la solución al paro no está en formar aun más a la generación mejor formada de la historia, sino en un cambio de modelo productivo, que el que tenemos no da más de sí, y a golpe de austeridad y recesión nos condena una larga temporada de paro y trabajo basura. Y como hace tiempo que los gobernantes abandonaron el discurso –que no era más que eso, un discurso- sobre la necesidad de un nuevo modelo económico, la apuesta por la innovación y la tecnología, los nuevos yacimientos de empleo, y patatín, patatán; mientras el modelo productivo sea el que es, no tendremos donde colocar a los cinco o seis millones de parados, que ya podrán ser siete millones y los que vengan. El único yacimiento de empleo a la vista consiste en trabajar como chinos, como recomendó el presidente de Mercadona: y para trabajar con horarios y sueldos de bazar chino, poca falta hace tener título, más bien al contrario.

De modo que de eso se trata, en eso consiste la nueva política educativa. Si los recortes actuales de 3.000 millones, que se suman a los que ya aprobaron las comunidades autónomas, les parecen un ataque al sistema educativo, piensen que esto no ha hecho más que empezar. Las medidas anunciadas dejarán por el camino a unos cuantos miles que nunca llegarán a la universidad o la FP: el recorte en la educación infantil impedirá que los niños entren tan pronto y le puedan coger el gusto al estudiar ya desde tan pequeños; la masificación de las aulas, la falta de recursos y el deterioro de las condiciones de trabajo de los profesores abonarán el fracaso escolar en edades cada vez más tempranas; y para los que sobrevivan y todavía aspiren a estudios superiores, el encarecimiento de las matrículas y la reducción de becas operarán la selección natural necesaria.

Como además se deteriorará mucho más la educación pública, la privada saldrá favorecida, cuanto más cara y exclusiva mejor, de modo que sean sus estudiantes los que consigan los pocos trabajos decentes disponibles, y el resto al paro o a la precariedad, que para eso las familias menos pudientes están mejor dotadas genéticamente para soportar las penurias y adversidades. Lo mismo cabe decir de la escuela rural, cuya supervivencia está amenazada, como contaba ayer en este blog Susana Hidalgo. ¿Para qué quieren estudiar en el campo, si allí hay aun menos futuro que en la ciudad?

De paso, con la liquidación del sistema educativo nos ahorramos otra molestia para los tiempos venideros: que los jóvenes piensen por su cuenta, que desarrollen espíritu crítico, algo que, aunque no sea un objetivo del actual sistema, acaba siendo un efecto colateral por culpa de tantos profesores que defienden que educar debe ser algo más que formar nuevos trabajadores. Y ya hemos visto lo que pasa con los jóvenes cuando piensan por su cuenta, que acaban indignándose y montando acampadas o cosas peores. Sí, es cierto que la falta de horizonte y el abandono escolar temprano pueden afectar a la convivencia y crear tensiones sociales, pero no pasa nada: eso nos permitirá contratar más policías, que como ya dijimos es la verdadera profesión de futuro.

¿A que no suena tan descabellado? Otro día si quieren les explico así también, a lo bestia, los recortes de sanidad en clave de reducción de la esperanza de vida: ¿para qué facilitar que los ciudadanos vivamos tantos años, si no habrá pensiones, ni recursos públicos de asistencia, ni dinero para la dependencia? Mejor morirnos antes, y eso que nos ahorramos todos.

Font: Isaac Rosa

Sobre la reforma fiscal…

1. Es falso que la única manera de cuadrar las cuentas públicas sea reducir el gasto social. Toda cuenta de resultados se compone de dos partes: los gastos y los ingresos. Ignorar los impuestos en este debate es de tuertos ideológicos, es no querer ver la mitad del problema.

2. Hay margen para recaudar más impuestos. La presión fiscal en España fue del 31,5% del PIB en el año 2010. La media europea es del 40%.

3. El agujero no está en los asalariados. Los trabajadores por cuenta ajena pagan casi lo mismo que en el resto de Europa.

4. Otra cosa son los profesionales autónomos y los pequeños empresarios. En 1993, declaraban ganar de media 10.260 euros anuales. A pesar de la inflación, su supuesta renta no ha subido ni 800 euros en todos estos años. En 2009, declararon 11.036 euros. Dicen ganar menos que los trabajadores y los pensionistas (19.354 euros de media). Como denuncian los inspectores de Hacienda, es obvio que estamos ante un fraude generalizado.

5. Tampoco pagan gran cosa las empresas. En teoría, el impuesto de sociedades (30% para las grandes empresas, 25% para las PYMES) está en la media europea. No es así en la práctica, gracias a desgravaciones y algunas triquiñuelas fiscales. En 2010, las empresas españolas sólo pagaron de media el 9,9% de sus beneficios. Es un porcentaje inferior al nominal de algunos paraísos fiscales, como Irlanda (12,5%).

6. Los impuestos y los recortes son dos caras de una misma moneda. De lo que hablamos en ambos casos es de quién pagará la factura de la crisis.

7. Arreglar el déficit público sólo recortando el gasto y sin tocar los impuestos es como operar a un enfermo con una mano atada a la espalda: malo para el doctor, peor aún para el paciente.

Font: Escolar.net

Siete claves sobre los impuestos

1. España es uno de los países con menor presión fiscal de la UE. Las administraciones públicas recaudaron el 31,5% del PIB en el 2010, según Hacienda. La media europea, según los últimos datos de Eurostat, de 2009, es del 40,4%.

2. España también es uno de los países con más dinero negro de la UE. Según Funcas, la economía sumergida supone más de 260.000 millones de euros: un 23,7% del PIB. Si tenemos en cuenta ese factor, la verdadera presión fiscal se queda por debajo del 30% del PIB real. No hay en la Europa occidental un ejemplo similar.

3. La presión fiscal se ha hundido con la crisis, pero incluso en los mejores años estaba muy por debajo de la media de la UE.

4. El agujero en los impuestos españoles no esta en el IRPF de los trabajadores por cuenta ajena. La presión fiscal para aquellos que tienen una nómina está, de media, en el 39,6%: seis puntos por encima de la media de la OCDE.

5. Pero España es también uno de los pocos países del mundo conocido donde los autónomos y los pequeños empresarios declaran, de media, menos ingresos que los trabajadores y los pensionistas, según denuncian desde hace años los técnicos de Hacienda.

6. Con un sistema fiscal europeo, las cuentas públicas no estarían en el aprieto en que están hoy. El déficit en 2010 fue del 9,2% del PIB. La diferencia de la presión fiscal entre España y Europa es prácticamente ese mismo porcentaje del PIB.

7. Traducido: si España tuviese una fiscalidad europea –aún sin arreglar el problema de la economía sumergida–, no habría déficit. Ni problemas con el bono español. Ni recortes, ni ajustes, ni discursos apocalípticos sobre el teóricamente insostenible estado del bienestar.

Font: Escolar.net

Fukushima y Wall Street

Atención, pregunta. ¿En qué se parece el colapso de Fukushima y la quiebra del sistema financiero mundial? En que estas dos catástrofes eran imposibles. En que no podían suceder o siquiera existir, como los unicornios, los dragones o los concejales de urbanismo honrados. En que en ambos casos nos mintieron (¿en cuántos más no lo harán?). En que aquellos que ganaban con la ficción de la infinita seguridad de las infalibles centrales nucleares, o con la trola de la absoluta bondad de los mercados financieros completamente desregulados, convencieron a la sociedad de que sus teorías eran ciencia probada. En que les ayudaron carísimos “expertos” vendidos al mejor sueldo, y que hoy ni siquiera admiten sus errores. En que aquellos que cuestionaban estos dogmas eran tachados de locos, de trasnochados, de irracionales, de apocalípticos o de idiotas. En que los beneficios de esas mentiras fueron privados, pero sus pérdidas son públicas, y las vamos pagar entre todos durante años. En el caso de Japón, durante siglos.

Hay quien dice que Fukushima va a marcar el principio del fin de la energía nuclear en el mundo; que no habrá una cuarta oportunidad para una tecnología que antes falló en Three Mile Island y en Chernóbil. Les recomiendo que busquen en la hemeroteca lo que se publicó en 2008 a cuenta de la quiebra de Lehman Brothers y el hundimiento de las catedrales de Wall Street, una estafa global de la que aún no nos hemos recuperado y que no sólo ha quedado impune, sino que ni siquiera se han tomado las medidas necesarias para que no vuelva a suceder. ¿Es porque el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra? No sólo: es porque hay piedras que son de lo más rentables (para algunos).

Font: Escolar.net