Fukushima y Wall Street

Atención, pregunta. ¿En qué se parece el colapso de Fukushima y la quiebra del sistema financiero mundial? En que estas dos catástrofes eran imposibles. En que no podían suceder o siquiera existir, como los unicornios, los dragones o los concejales de urbanismo honrados. En que en ambos casos nos mintieron (¿en cuántos más no lo harán?). En que aquellos que ganaban con la ficción de la infinita seguridad de las infalibles centrales nucleares, o con la trola de la absoluta bondad de los mercados financieros completamente desregulados, convencieron a la sociedad de que sus teorías eran ciencia probada. En que les ayudaron carísimos “expertos” vendidos al mejor sueldo, y que hoy ni siquiera admiten sus errores. En que aquellos que cuestionaban estos dogmas eran tachados de locos, de trasnochados, de irracionales, de apocalípticos o de idiotas. En que los beneficios de esas mentiras fueron privados, pero sus pérdidas son públicas, y las vamos pagar entre todos durante años. En el caso de Japón, durante siglos.

Hay quien dice que Fukushima va a marcar el principio del fin de la energía nuclear en el mundo; que no habrá una cuarta oportunidad para una tecnología que antes falló en Three Mile Island y en Chernóbil. Les recomiendo que busquen en la hemeroteca lo que se publicó en 2008 a cuenta de la quiebra de Lehman Brothers y el hundimiento de las catedrales de Wall Street, una estafa global de la que aún no nos hemos recuperado y que no sólo ha quedado impune, sino que ni siquiera se han tomado las medidas necesarias para que no vuelva a suceder. ¿Es porque el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra? No sólo: es porque hay piedras que son de lo más rentables (para algunos).

Font: Escolar.net

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