El mite de l’empresari

Las nuevas industrias (tecnología) resucitaron lo que podríamos llamar el elemento romántico del capitalismo: la idea del empresario heróico que construye una ratonera mejor y que, al hacerlo, se enriquece merecidamente. Desde los días de Henry Ford, aquella heroica figura parecía cada vez más mítica, a medida que la economía pasaba a estar en manos de empresas gigantescas al frente de los cuales no había innovadores románticos, sino burócratas que también podrían haber sido perfectamente funcionarios gubernamentales. John Keneth Galbraith escribió en 1968: “Con el ascenso de la sociedad anónima moderna, la aparición de la organización requerida por la tecnología moderna y la planificación y el divorcio entre el poseedor del capital y el control de la empresa, el empresario ya no existe como una persona individual en la empresa industrial madura”. ¿Y quién podría entusiasmarse ante un capitalismo que parecía ser más o menos como el socialismo aunque despojado del componente de justicia?

Paul Krugman – El retorno de la Economía de la Depresión

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